Self-experience of life. Sharing ideas, likes, lies, comments, fantasies, nightmares, fights. Bridge to something else. Bilingual spot

Saturday, February 12, 2005

Extraña Energía

29/01/2004 11:32 pm

Tengo la cada vez más fuerte teoría de que hay una armonía extraña que reina en los grupos de cuatro personas. Y de que ésta se hace más fuerte aún si el grupo está formado por dos personas de cada sexo. Esta tarde, salí temprano de un curso de redacción que tomo los sábados. Y allí estaba, rumbo a irme a casa, cuando me interceptó una compañera que también había salido temprano, Arlette, una de las personas más amables que he conocido. A pesar de que nos la llevamos muy bien, jamás había tenido la oportunidad de sostener una conversación profunda con ella, más allá de los naturales tópicos universitarios. Con ella venía su inseparable amiga María Alejandra, una chica que anda por los semestres avanzados de mi carrera, y que siempre me pareció de esas personas que cagan más arriba del culo, que se creen más que los demás. Arlette me preguntó que qué tenía pensado hacer, a lo que respondí con la verdad: nada. En eso se incorporó a la conversación otro sujeto llamado Franklin, de quien siempre he tenido la sospecha de que es homosexual. Sus gestos amanerados y su mirada fija me desconciertan la mayoría de las veces y a veces incluso llegan a molestarme (creo que soy un homofóbico en potencia). Encendí un cigarrillo y de repente, por uno de esos impulsos que uno no se puede explicar de dónde surgen, sugerí a mis tres compañeros de curso irnos a tomar algo. Hacía mucho calor y no fue difícil convencerlos, aunque inmediatamente me sorprendía a mí mismo pensando en que jamás, en otro contexto, bajo otras circunstancias, se me habría ocurrido salir a tomarme algo con esas tres personas, tal vez con Arlette sí, pero ni hablar de Franklin y menos con la creída de María Alejandra. En fin, eso no pareció importar mucho, puesto que nos pusimos en marcha hacia el sitio donde vendiesen algo para el calor más cercano. Tuvimos que caminar un largo trecho, pero al fin llegamos a un sitio, que por cierto no queda lejos de mi casa. Una vez allí me extraño la naturalidad con que surgió la primera conversación, nos reímos un poco del nivel del curso de redacción, quizá demasiado fácil, y comentamos la cercanía de la finalización del semestre. Noté que todos compartían esa sensación de estar extrañamente a gusto charlando con otros tres individuos que hasta ese momento eran poco más que desconocidos. Pedimos una ronda de cervezas y comenzamos a hablar un poco cada uno. Y, para mi completa sorpresa, lo que cada uno de mis compañeros dijo tenía interesantes puntos de coincidencia con mis propias opiniones, cosa que jamás hubiera imaginado. Hablamos de muchas cosas en poco más de dos horas, y a medida que el tiempo transcurría y las cervezas surtían efecto en nosotros, la conversación se fue tornando más espontánea e interesante. En algún punto, Franklin sacó de su mochila “El Loco” de Gibrán, por cierto un gran libro. Nos leyó algunos pasajes excelentes (debes haberlo leído). También María Alejandra resultó una persona interesante, y compartimos experiencias acerca de viajar a otros países y permanecer un tiempo conociendo la cultura foránea. Ella y yo coincidimos en muchas opiniones acerca de los países del tercer mundo y lo que les falta para “modernizarse”. La main idea es que es un problema de conciencia cultural, allí está el detalle fundamental. Lo cierto es que a medida que pasaban los minutos una idea se seguía agolpando en mi mente y no me dejaba tranquilo: ¿En cuántas ocasiones no nos limitamos a conocer sólo lo que está frente a nuestros ojos? ¿Con cuánta frecuencia nos preguntamos acerca de lo que no podemos ver a simple vista? Allí estaba yo, con cuatro personas ajenas a mi cotidianidad y por alguna razón me sentía mucho más a gusto que cuando me relaciono con la gente a la que veo y con la que converso todos los días. ¿A qué se debe esto? Me pareció que durante nuestra conversación se manejaba algún tipo de “fluido” que vagaba entre los cuatro. Creo que el haber surgido de manera espontánea dotó a la experiencia de una particularidad especial, pero sobre todo, ese círculo extraño, esa energía compartida y pasada de uno a otro, las ideas fluyeron solas y terminamos hablando de temas como el sexo o la política, temas que generalmente son propios de conversaciones con los más íntimos. Ja, hasta de sexo, mejor dicho, de experiencias sexuales. Tal vez el alcohol ayudó a lubricar las ideas y a desinhibirnos un poco, pero dudo que hay sido el factor determinante, puesto que no bebimos en grandes cantidades. Pero definitivamente fue un hecho curioso, fue una sensación extraña, pero sumamente agradable. Terminamos todos invitándonos a repetir la experiencia, aunque dudo que de hacerlo, vuelva a surgir esa química de hoy. Es más, ni siquiera creo que nuestras relaciones en la facultad cambien demasiado, seguiremos desenvolviéndonos cada uno en su círculo, con la diferencia de que conocemos un poco de nosotros. Es lamentable darme cuenta de que quizá me estoy perdiendo la oportunidad de cultivar una buena amistad con gente como ésta, lo cual me lleva a pensar que debería dejar tantos prejuicios y relacionarme de una manera más activa con ellos tres, más aún luego del precedente sentado hoy. A fin de cuentas, la rutina que domina mi vida no me está dejando mucho, así que por qué no intentarlo, qué puedo perder? ¿Quién sabe? Quizá descubra que personas más afines a mis modos de pensar se encuentran más cerca de lo que habría pensado, es sólo que nadie hace nada por relacionarse con ese tipo de gente. Es todo por ahora.

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